Esta anécdota es graciosa a la vez que peligrosa.
Cuando cortaba la madera con la sierra de calar, la máquina vibraba en exceso porque la madera era muy gorda y resistente (estamos hablando de madera de pino, no de aglomerado ni DM), lo que provocaba que los tornillos que sujetan las cuchilla se aflojasen y dejasen libre la hoja, que se quedaba clavada a la madera.
Después de eso tenía que esperar a que la hoja se enfriase para colocarla otra vez sin quemarme y volver a "intentar" cortar. A veces conseguía avanzar 50cm y a veces se salía inmediatamente. En cualquier caso los tornillos se aflojaban y la hoja se recalentaba, por lo que cada cierto tiempo tenía que parar para descansar yo y las herramientas.
Me costó mucho sudor y esfuerzo conseguir separar los trozos de madera.