Cuando salí a coger las hierbas que harían las veces de cola para la escoba fui en coche. Metí unos de los fardos que iba atando en el coche y arranqué para buscar otro sitio donde no me viera la gente (estaba al lado de la carretera). Cuando iba en el coche noté algo en la mano, iluso de mi creía que era una ramita que me daba en la mano del fardo del al lado. Apartaba la rama con la mano sin mirar (tenía la mano en la palanca de cambios) y seguía mi camino con el coche. A la altura de la comandancia (y cogiendo una rotonda) me miré la mano para saber cual era el problema. Cual fue mi sorpresa cuando vi una mantis intimidante mirándome con las garras hacia arriba. Gritando como un descosido y perdiendo el control del coche estuve a punto de salirme de la carretera. Agitando una mano para que se soltase de mi, aparque con la otra en el arcén y abandoné corriendo el coche. La mantis se había enganchado en el fardo de hierba, pero estaba atenta a mi y buscando atacarme, y eso que se supone que no atacan a los humanos, lo que pasa es que son curiosas.
Era como la de la foto, al parecer una matis palo. Créeme, por poco miedo que le tengas a las mantis, si aparece una mantis palo de la nada, tu te asustas, y más si no sabes con certeza con que es.
Es curioso que para ser un insecto que no hace nada (salvo comerse al macho) le tengamos tanto miendo. No es un bicho normal, la verdad.
Pasé el resto del viaje con miedo y quitándome la trenza creyendo que eran mantis, es más, ahora que lo estoy escribiendo sigo creyendo que la tengo por aquí.
