Para dar la forma redondeada que presenta hoy en día el palo previamente ha tenido que pasar por varias fases que dan lugar a estas dos "anécdotas".
Lo primero era pasar de un palo cuadrado a un palo octogonal, que está más cerca del círculo. Para ello era necesario cortar a lo largo los picos del cuadrado en un ángulo de 45º con dos centímetros de profundidad. En un principio no iba a ser problema porque el patín se podía poner a 45º con lo que comencé a cortar sin preocupaciones. Pronto me dí cuenta de que o mantenía los 45º perfectos y no avanzaba en el corte, o hacía fuerza con la sierra pero perdía esa perfección. Opté por la segunda opción, cortar a mano alzada, ya que sino la sierra no era capaz de cortar.
La verdad es que no puedo quejarme del resultado.
Una vez terminé los cortes lijé durante horas la pieza para que quedase perfectamente redonda. Podéis imaginaros lo que eso implica en cuestiones de polvo, especialmente cuando tienes un tendedero detrás.